El Hombre y la Tierra
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- Categoría: Biodiversidad
“Debemos volver a la vieja armonía de las pequeñas comunidades agrícolas que obtenían todo de la tierra y devolvían todo, a su vez, a la tierra. Pero evidentemente, sin renunciar a las conquistas de la técnica que, sin dañar la naturaleza, enriquecen y facilitan nuestra existencia”
Félix Rodríguez de la Fuente. Agosto 1977
Resulta muy grato poder escribir un artículo de reflexión para la primera edición de esta publicación electrónica que lanzan nuestros amigos de ACA, sobre todo cuando me piden que trate acerca de los retos que el desarrollo rural conlleva en lo que respecta a la dificultad en la percepción de los beneficios que implica conservar biodiversidad, conocimiento tradicional y en especial para hacer que el mundo urbano tome conciencia y se implique en los vínculos existentes entre los procesos ecológicos y las actividades del medio rural. Para ello, más que reflexionar, lo que haré será trasladar el resultado de las reflexiones que durante los últimos años, hemos realizado dentro de nuestra organización para establecer cómo principal línea estratégica, una que trate de dar respuesta, a través de proyectos específicos a los retos antes mencionados.

La línea estratégica de “El Hombre y la Tierra” toma prestado el título con que mi padre bautizó su afamada serie. La filosofía que encierran estas palabras tiene que ver con la visión que el tenía sobre el lugar del ser humano en la tierra. Félix mantenía que el desasosiego del Neolítico y el generado en el siglo de la sociedad industrial, responde en realidad al desarraigo paulatino al que nos hemos ido sometiendo desde que empezamos a domesticar la naturaleza. El creía firmemente que el periodo correspondiente a esta franja de la historia de la humanidad podría ser comparado con una adolescencia irreflexiva a la que habría de suceder un periodo de madurez en el que recuperásemos los valores que en nuestra infancia paleolítica nos unían a la tierra y el universo. Félix estaba convencido que el ser humano esconde en su naturaleza, un profundo y atávico sentido de pertenencia, asombro y respeto hacia el fenómeno vital. Somos vida pensante; inexorablemente entrelazados a todos los compañeros de viaje que nos acompañan en la nave sideral que hemos dado en llamar Tierra. Desde la célula más pequeña hasta el ecosistema más complejo, todos participamos al fracaso o al éxito de la Vida en su maravillosa y frágil diversidad. Y es que la biodiversidad es, en esencia, la clave de la resistencia de esa totalidad palpitante que es el planeta tierra.
Muchas de las políticas y creencias conservacionistas parten de la base de que el ser humano es destructor por naturaleza. Como un virus, la raza humana se reproduce sin freno y consume sin miramientos todo lo que el entorno pone a su alcance. Estamos avocados a auto exterminarnos arrastrando en nuestra caída hacia el abismo de la extinción, todas las especies susceptibles de sucumbir a nuestra forma de vida. Lo cierto es que ya existen multitud de ejemplos. Comunidades que acabaron esquilmando todo lo comestible, dato especialmente evidente en zonas delimitadas en el espacio como son las islas. Entonces ¿de dónde sacaba Félix esa visión utópica de comunión entre el hombre y la tierra? Lo cierto es que aunque nuestra sociedad sea la evidencia palmaria de la naturaleza destructora de nuestra especie, el ser humano no siempre fue así. Aún quedan vestigios de un tiempo en que el hombre sentía un profundo respeto hacia la madre tierra. Son pueblos, algunos de los cuales aún perviven, asentados en costumbres y creencias que han permanecido inalteradas durante siglos y que en algunos casos se remontan directamente a aquellas tribus cazadoras recolectoras del paleolítico. Sociedades que se integran en el paisaje, acariciándolo, apenas dejando rastro de su presencia y en casi todos los casos, incluso enriqueciéndolo como una pieza más de la diversidad. En sus creencias y religiones existe un código de respeto, un pacto de alianza con la Vida que llevaba incluso a los cazadores a robarle a la naturaleza solo lo estrictamente necesario y a devolverle, aunque fuera en la forma de ritos y plegarias, el reconocimiento de su generosidad y omnipotencia.
Entonces ¿Somos destructores por naturaleza o potenciales aliados y custodios de la Vida? Los que creemos en el ser humano, en la esencia que se esconde debajo de una piel de plástico y cemento, pensamos que el hombre se reencontrará con su reflejo en la naturaleza. Para ello es imprescindible reconocer y aprender de aquellas personas que aún mantienen un diálogo fértil con la tierra. Aquellos hombres y mujeres que conocen, mejor que nadie, los recovecos de su entorno. Depositarios de una sabiduría empírica que les permite interpretar el lenguaje secreto de la naturaleza. Personas que conviven día a día al compás de las estaciones, sabedores de que su subsistencia depende de la salud del aire, del agua y de la tierra.
En España esas personas están en un mundo rural que agoniza. Arrinconados por un desarrollo urbanístico centrífugo y un sistema económico industrial que ensalza la cantidad frente a la calidad, ellos se aferran a un modo de vida que ya pocos entienden. Además, en demasiados casos, la política conservacionista que parte del principio de que el hombre es el enemigo del entorno a proteger, aplica sus medidas restrictivas a personas a las que solo les quedaba la tierra. Marca pautas de comportamiento inasumibles, trazadas desde despachos de la urbe y asesoradas por determinados científicos y naturalistas que todavía saben poco de la realidad del hombre y la tierra.
Desde la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente creemos que en la forma de vida de unos pocos hombres y mujeres que aún permanecen en el mundo rural, se esconden las claves de una convivencia armoniosa entre el hombre y la tierra. A través de la línea estratégica de “El Hombre y la Tierra”, queremos trabajar para dignificar y dar a conocer algunos de estos últimos héroes. No se trata de idealizar o dogmatizar. Más bien de, entre todos, trabajar por facilitar a través de un reconocimiento merecido, la trascendental labor de los que atestiguan a diario el ciclo de la vida y la muerte. Mejorar, apoyados en los últimos avances y tecnologías, su buen saber hacer así como diseñar fórmulas que les ayuden a superar las enormes dificultades a las que a veces se enfrentan. Aplicar el estudio científico y naturalístico a las coordenadas de las que son depositarios tras generaciones de prueba y error. Valorar y con ello hacer viable para futuras generaciones los servicios mensurables y reales que ofrecen a la sociedad. Darles acceso a los últimos avances y tecnologías para que puedan seguir afinando su vocación por vivir inmersos en la aventura de la vida.
Tras mucha reflexión hemos concretado el objetivo principal de la línea estratégica de “El Hombre y la Tierra” en reconocer a personas o grupos de personas que viven cerca de la tierra, de sus recursos, velando por su cuidado e incorporando a sus vidas un diálogo fructífero y recíproco con el medio que los sostiene. Pretendemos estudiar y dar a conocer las pautas de su comportamiento, apoyar y facilitar su cultura y modo de vida y promover el reconocimiento de su trascendental labor para la sociedad, a través de varios programas y proyectos. Aunque solo destacaré tres de los principales sí me gustaría esbozar aspectos que todos ellos tienen en común y que desde la Fundación consideramos vitales para afrontar los enormes retos y dificultades que se nos presentan.
En primer lugar tratamos de establecer unos criterios que nos ayuden a escoger aquellas experiencias o iniciativas que consideramos ejemplares o que albergan condiciones de trascendental valor cómo ocurre en el caso de los productores de razas autóctonas y variedades locales del proyecto ConSuma Naturalidad. En segundo lugar, trabajamos para ganarnos la confianza de aquellos, que según nuestro criterio, cumplen las características que los hacen destacar para que ellos decidan si quieren trabajar, o no, con la Fundación. Una vez establecidas estas bases nuestro trabajo es el de crear redes que pongan en contacto a diferentes sectores coincidentes en una misma visión y sensibilidad y cuya compenetración pueda suponer nuevas sinergias que enriquezcan y empoderen a todas las iniciativas, sectores y personas implicadas. Y por último volcar todo nuestro esfuerzo y creatividad en comunicar al público general las bondades de estas iniciativas que en la mayoría de los casos dependen del consumo y del reconocimiento de sus valores añadidos y servicios ambientales, para destacarse del resto y sobrevivir en un mercado saturado por productos “fast” y foráneos. Dentro de este esfuerzo de comunicación incluimos repensar nuevas vías de venta al público que faciliten el acceso del mismo a los productos y el contacto directo con el productor. Por supuesto, en comunicación incluimos llegar a los programas de voluntariado de las empresas para que comiencen a entender que conocer y apoyar este tipo de iniciativas en el mundo rural, supone sostener nuestros paisajes y biodiversidad de una forma probablemente más efectiva y duradera que a través de las tan manidos, y en muchos casos mal enfocados, programas de reforestación. Con ello no solo pretendemos dar a conocer los aspectos escasamente esbozados en este artículo al público general sino dignificar y revalorizar un sector en el que puede estar la clave de un futuro de convivencia armónica entre el Hombre y la Tierra.
ConSuma Naturalidad
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El proyecto ConSuma Naturalidad pretende fomentar la conservación de la biodiversidad productiva y silvestre, promoviendo la producción y consumo de razas autóctonas de ganado y variedades locales de frutas, hortalizas y otros alimentos, producidos, preferentemente, en zonas geográficas de confluencia de la Red Natura 2000 y la Red de Espacios Protegidos de nuestro país. El proyecto ha sido beneficiario de un LIFE en comunicación de la UE. Como líneas de actuación más específicas asociadas a este objetivo general se hará especial énfasis en: promoción de canales específicos de comercialización, trabajo activo con productores primarios y divulgación de la importancia del consumo de determinados productos para la conservación de la biodiversidad. Todo ello quiere contribuir a un aprovechamiento sostenible de los recursos naturales, del paisaje, de la cultura y las tradiciones, evitando que se abandonen áreas tradicionales de producción y su actividad económica. Para alcanzar dicho objetivo, el proyecto se encuentra desarrollando una marca de garantía con información complementaria sobre biodiversidad para el consumidor, que será incorporada progresivamente a los productos, tiendas y otros lugares donde el ciudadano pueda y desee adquirirlos o consumirlos. |
MiTierraMaps
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El proyecto MiTierraMaps nace en 2011 gracias a la financiación del MITYC a través del Plan Avanza 2 y su objetivo principal es el de recopilar, ordenar, geolocalizar y difundir información sobre la cultura rural y natural de nuestro país a través de las más novedosas tecnologías de internet y aplicaciones móbiles. De esta manera, dicha información se hará accesible al público urbanita, no sólo con el objetivo de promover un mayor conocimiento del medio rural natural español, si no para promover también la implicación y conservación del mismo por parte de los habitantes del medio urbano, a través de propuestas de consumo y ocio ligadas al territorio. Para ello, la plataforma ofrecerá información detallada y geolocalizada, dividida en capas temáticas, sobre espacios y especies protegidas, turismo rural sostenible, árboles singulares, cultura del medio rural, etc. En la plataforma haremos especial énfasis en lo que denominamos“Experiencias Ejemplares” que, para la Fundación son, aquellas iniciativas en el territorio rural que aúnan un triple beneficio: económico, social y medio ambiental: lideradas por personas e instituciones comprometidas con la naturaleza y la supervivencia del mundo rural, estas experiencias constituyen ejemplos reales que revalorizan la producción rural cómo pieza clave para conservar biodiversidad o, lo que es lo mismo, la importancia de lograr una mayor armonía entre el hombre y la tierra. Además, la plataforma dispondrá de información específica adaptada al público infantil, que a través de juegos y animaciones en 2D, 3D y realidad aumentada, desvelará cómo influye la actividad humana en la conservación del medio rural y natural del país. |
Emprender para conservar
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El proyecto Emprender para conservar en el que la Fundación lleva trabajando desde el año 2009 potenciando el espíritu emprendedor en las zonas rurales de Castilla-La Mancha, Extremadura, Andalucía y Castilla y León. Gracias a la financiación del programa empleaverde de la Fundación Biodiversidad (MARM) y del MITYC a través del Plan Avanza 2, se han realizado diversas actuaciones, incluyendo varios estudios (de detección de oportunidades, del perfil del emprendedor rural, barreras al emprendimiento…), acciones formativas (seminarios y cursos), asesoramiento y concluyendo con la creación de nuevos negocios sostenibles en zonas de elevada biodiversidad (16 hasta la fecha). Partiendo de esta experiencia previa, que persigue la puesta en común de información y actividades relacionadas con la convergencia entre los mundos de la conservación de la biodiversidad y el desarrollo rural, se ha diseñado la plataforma web (emprenderparaconservar.com) como un estímulo para albergar los contenidos e información sobre recursos y servicios del territorio, y de este modo ayudar en la decisión del tipo de negocio y de la localidad donde residir y trabajar. |






